Creación teatral:
Carlos estaba muy nervioso, pronto
tendría que despedirse de Isabel y no volverían a verse en casi
todo el verano. La historia sucede en una tarde de julio, Carlos y
sus dos hermanas pequeñas se tienen que despedir de Isabel porque se
van con su padre todo el mes de julio.
Isabel:
Oye Carlos, ¿cómo estas?
Carlos: un poco nervioso y
enfadado, la verdad.
Isabel: No tienes porqué sabes
que papá os quiere mucho y no hay ningún motivo por el que tenerle
miedo. Además, iréis a sitios muy chulos, a parques de atracciones,
montareis en barco, a playas preciosas...
Carlos: Sí y a restaurantes
caros, a comprarnos ropa de marca, y al final del día acabaremos
llorando como hacemos siempre por tener que aguantar gritos, malas
formas, peleas,...
Isabel: No digas eso hijo...
Carlos se queda pensando con la mirada
perdida y finalmente dice: Yo sigo sin entenderlo, no sé por qué
tenemos que ir con un hombre que nos trata mal, que nos grita, que
nos amenaza con ponernos la mano encima...y todo por que lo diga un
juez ridículo que no le conoce, no es sano Isa y tengo miedo.
(Isabel parece enfadarse un poco).
Isabel: Bueno Carlos, creo que
estás exagerando un poquito, yo te quiero y tu padre te quiere y
aunque ya no estemos juntos, también le quiero a él y sé que no es
capaz de hacer algo así así que deja de decir mentiras y llama a
tus hermanas que tu padre llegará en breve.
Carlos se mete dentro de casa y sale
con sus dos hermanas de uno y dos años menos al jardín.
Carlos: No sé por qué me
preguntas si piensas que miento, no voy a discutir más, sólo te
digo que me llevo los cien euros que me dió la abuela por la
comunión y que si se vuelve a repetir lo del año pasado monto a
Marta y a Claudia en un taxi y nos volvemos a casa.
Cinco minutos más tarde, llega su
padre montado en un Land Rover enorme para meter las maletas de los
tres hijos. Sus hermanas se acercan.
Isabel: Adiós hijos...
Isabel se quedaba preocupada pues a
pesar de no creer las palabras de Carlos, había algo que no le
terminaba de convencer.
Siete veranos más tarde el padre de
Carlos terminó en la cárcel por años de malos tratos. Isabel nunca
se lo perdonará.
Creación
en verso:
Mis alumnos de Valdemoro
Son pequeñas personitas que si tengo un mal día
me lo cambian fácilmente por alegría.
Parece increíble pero me quitan las penas,
aunque tenga a decenas.
Estos enanos me hacen ser mejor persona
y! hasta consiguen que llegue a clase a la hora!.
Tal es la emoción que tengo con este grupito,
que a veces tienen aportaciones que hacen quitarme el sombrerito,
que no lo cambiaría por ya nada,
es que ni por una millonada.
Una ratita algo especial
Érase una vez una
jóven y simpática ratita llamada Marisa, que vivía con su familia
en una montaña muy muy lejos de la ciudad. Vivían junto con más
familias de su misma especie, con quienes mantenían buena relación.
La madre de
Marisa, Agustina, era una ratita buena y cariñosa mientras que su
padre, Ratónz, era una rata muy sucia, agresiva y grosera con todo
el mundo. Pero al ser la rata más fuerte y veloz de la comunidad,
era el líder. Ristey y Rosita eran sus hermanos pequeños, los
cuales se pasaban el día entero jugando en el barro y gastando
bromas a diestro y siniestro.
Marisa tenía
cuatro años, pero estaba apunto de cumplir los cinco. La ley de la
comunidad decía que todo aquel que alcanzase los cinco años de
edad, sería obligado a salir de la montaña y embarcarse en un duro
y peligroso viaje a la ciudad con el objetivo de coger un trozo de
queso Brie y traerlo a casa. Ése sería el sustento alimenticio de
toda su familia durante el invierno. Si fracasaba, no sólo su
familia entera se quedarían sin comer si no que si volvía con las
patas vacías, sería expulsada de la comunidad para siempre. Ésto
era igual para todas las ratitas.
El día de su
cumpleaños, debía comenzar su viaje y su padre, convocó a todas
las ratitas de la comunidad para anunciar “Amigas y amigos, todos
queremos mucho a Marisa y no queremos que se vaya, pues es muy débil
y poco astuta pero....la ley es la ley y debe marchar. Iros
despidiendo de ella porque en unas horas partirá. Le daremos cuatro
días más, aunque no creo que lo consiga.” .Todos le rieron las
palabras y se burlaron de ella. Nadie la creía capaz.
Marisa, desde pequeñita tubo problemas de crecimiento. Mientras todos los de su misma edad crecían y se les oscurecía el pelaje, ella apenas medía unos centímetros y su color era de un blanco pálido. Por el contrario, era muy alegre y positiva y confiaba en ser lo suficientemente fuerte y valiente como para llegar a la ciudad, coger un trozo de queso Brie y traerlo de nuevo en un periodo de diez días.
Era de noche,
llovía y hacía frío.Era una de esas noches en las que estaba
semiprohibido salir fuera de las casas por peligro a ser arrastrado
por las aguas que inundaban los caminos.
Marisa, cansada de
la falta de confianza de su padre y del resto de ratitas se vio
forzada a marchar en ese mismo momento, no esperaría a que la
tormenta cesase. Cogió su palito, metió unas patatas y unas frutas
en un pañuelo, lo ató al palo y salió de la casa dando un portazo.
Su familia, que estaba reunida alrededor de la lumbre, quedó
asombrada.
La blanca y débil
ratita se sumergió en la más peligrosa de las aventuras.
Tras salir de su
casa, cogió un paraguas verde pistacho apoyado en la porche y
comenzó a andar rápidamente en dirección a la ciudad.
A medida que la
lluvia se iba haciendo más y más intensa, Marisa corría más y más
rápido.
Las horas pasaban
despacio pero ella corría como una gacela.
De repente la
lluvia cesó para dejar paso a una escalofriánte nevada. Por irreal
que pareciese, el hecho de que empezase a nevar le gustó a Marisa.
Como el más experimentado de los excursionistas, la rarita soltó el
paraguas con emoción, cogó dos troncos rectangulares de madera y
dos palos y los utilizó a modo de skis. Llena de adrenalina gritó
por todo lo alto “Yeahhhh y yo que me quejaba de haberme perdido el
viaje a Baqueira este año”.
De este modo, la
pequeña ratita llegó a la ciudad, en tan sólo tres horas, todo un
récord.
Para cuando llegó
a la ciudad Marisa ya estaba fuerte, de tanto ejercitar sus músculos,
parecía atleta e incluso daba miedo.
Se recorrió la
ciudad entera hasta dar con un olor que la hipnotizaba. Cerró los
ojos y siguió al olor.
“Hummmmm huele
como los ángeles” dijo ella. Sin darse cuenta se encontraba
delante de un cubo de basura, al lado de un restaurante italiano.
Sabía que el olor procedía del cubo y fue a meterse.
“No te acerques
a mi queso rata inmunda o te corto en rodajas” dijo un gato negro
negro desde la tapa del cubo. Fue al oir esas palabras cuando Marisa
empezó a temblar, sus músculos empezaron a aumentar de tamaño de
forma muy acelerada, se le puso la cara roja como el tomate, miró
fijamente al gato, y sin previo aviso saltó sobre él, propiciándole
en plenos morros una patada ninya que ni el mismisimo Bruce lee.
“No me gustan
las amenazas” le dijo al terminar.
El malvado gato,
asustado , salió corriendo. Marisa, cogió el trozo de queso y
emprendió la marcha a casa.
Cuando llegó a
casa con esa forma física, con el queso y con una sonrisa de oreja a
oreja la comunidad entera se quedó estupefacta.
Desde aquel día,
nunca más, ni su padre ni cualquier otra ratita de la comunidad,
volvió a desconfiar de nadie y Marisa se convirtió en la líder de
las ratitas.
Muy bien pero recuerda que al escribir poesía con rima hay que mantener los ritmos armónicos y no romper la sintaxis lógica de las frases. Me gusta que tu texto sea tan emotivo, pero no me gusta que la forma (la función estética o poética) sea tan pobre. Por eso os insistí tanto en que es mejor escribir en verso libre y crear la belleza lingüística usando figuras literarias.
ResponderEliminar