viernes, 15 de junio de 2012

Bloque 5, Mis creaciones



Creación teatral:

Carlos estaba muy nervioso, pronto tendría que despedirse de Isabel y no volverían a verse en casi todo el verano. La historia sucede en una tarde de julio, Carlos y sus dos hermanas pequeñas se tienen que despedir de Isabel porque se van con su padre todo el mes de julio.

Isabel: Oye Carlos, ¿cómo estas?

Carlos: un poco nervioso y enfadado, la verdad.

Isabel: No tienes porqué sabes que papá os quiere mucho y no hay ningún motivo por el que tenerle miedo. Además, iréis a sitios muy chulos, a parques de atracciones, montareis en barco, a playas preciosas...

Carlos: Sí y a restaurantes caros, a comprarnos ropa de marca, y al final del día acabaremos llorando como hacemos siempre por tener que aguantar gritos, malas formas, peleas,...

Isabel: No digas eso hijo...

Carlos se queda pensando con la mirada perdida y finalmente dice: Yo sigo sin entenderlo, no sé por qué tenemos que ir con un hombre que nos trata mal, que nos grita, que nos amenaza con ponernos la mano encima...y todo por que lo diga un juez ridículo que no le conoce, no es sano Isa y tengo miedo.

(Isabel parece enfadarse un poco).

Isabel: Bueno Carlos, creo que estás exagerando un poquito, yo te quiero y tu padre te quiere y aunque ya no estemos juntos, también le quiero a él y sé que no es capaz de hacer algo así así que deja de decir mentiras y llama a tus hermanas que tu padre llegará en breve.

Carlos se mete dentro de casa y sale con sus dos hermanas de uno y dos años menos al jardín.
Carlos: No sé por qué me preguntas si piensas que miento, no voy a discutir más, sólo te digo que me llevo los cien euros que me dió la abuela por la comunión y que si se vuelve a repetir lo del año pasado monto a Marta y a Claudia en un taxi y nos volvemos a casa.

Cinco minutos más tarde, llega su padre montado en un Land Rover enorme para meter las maletas de los tres hijos. Sus hermanas se acercan.

Isabel: Adiós hijos...

Isabel se quedaba preocupada pues a pesar de no creer las palabras de Carlos, había algo que no le terminaba de convencer.
Siete veranos más tarde el padre de Carlos terminó en la cárcel por años de malos tratos. Isabel nunca se lo perdonará.


Creación en verso:

Mis alumnos de Valdemoro

Son pequeñas personitas que si tengo un mal día
me lo cambian fácilmente por alegría.
Parece increíble pero me quitan las penas,
aunque tenga a decenas.
Estos enanos me hacen ser mejor persona
y! hasta consiguen que llegue a clase a la hora!.
Tal es la emoción que tengo con este grupito,
que a veces tienen aportaciones que hacen quitarme el sombrerito,
que no lo cambiaría por ya nada,
es que ni por una millonada.

Creación en prosa:

Una ratita algo especial
Érase una vez una jóven y simpática ratita llamada Marisa, que vivía con su familia en una montaña muy muy lejos de la ciudad. Vivían junto con más familias de su misma especie, con quienes mantenían buena relación.

La madre de Marisa, Agustina, era una ratita buena y cariñosa mientras que su padre, Ratónz, era una rata muy sucia, agresiva y grosera con todo el mundo. Pero al ser la rata más fuerte y veloz de la comunidad, era el líder. Ristey y Rosita eran sus hermanos pequeños, los cuales se pasaban el día entero jugando en el barro y gastando bromas a diestro y siniestro.

Marisa tenía cuatro años, pero estaba apunto de cumplir los cinco. La ley de la comunidad decía que todo aquel que alcanzase los cinco años de edad, sería obligado a salir de la montaña y embarcarse en un duro y peligroso viaje a la ciudad con el objetivo de coger un trozo de queso Brie y traerlo a casa. Ése sería el sustento alimenticio de toda su familia durante el invierno. Si fracasaba, no sólo su familia entera se quedarían sin comer si no que si volvía con las patas vacías, sería expulsada de la comunidad para siempre. Ésto era igual para todas las ratitas.

El día de su cumpleaños, debía comenzar su viaje y su padre, convocó a todas las ratitas de la comunidad para anunciar “Amigas y amigos, todos queremos mucho a Marisa y no queremos que se vaya, pues es muy débil y poco astuta pero....la ley es la ley y debe marchar. Iros despidiendo de ella porque en unas horas partirá. Le daremos cuatro días más, aunque no creo que lo consiga.” .Todos le rieron las palabras y se burlaron de ella. Nadie la creía capaz.


Marisa, desde pequeñita tubo problemas de crecimiento. Mientras todos los de su misma edad crecían y se les oscurecía el pelaje, ella apenas medía unos centímetros y su color era de un blanco pálido. Por el contrario, era muy alegre y positiva y confiaba en ser lo suficientemente fuerte y valiente como para llegar a la ciudad, coger un trozo de queso Brie y traerlo de nuevo en un periodo de diez días.

Era de noche, llovía y hacía frío.Era una de esas noches en las que estaba semiprohibido salir fuera de las casas por peligro a ser arrastrado por las aguas que inundaban los caminos.
Marisa, cansada de la falta de confianza de su padre y del resto de ratitas se vio forzada a marchar en ese mismo momento, no esperaría a que la tormenta cesase. Cogió su palito, metió unas patatas y unas frutas en un pañuelo, lo ató al palo y salió de la casa dando un portazo. Su familia, que estaba reunida alrededor de la lumbre, quedó asombrada.
La blanca y débil ratita se sumergió en la más peligrosa de las aventuras.
Tras salir de su casa, cogió un paraguas verde pistacho apoyado en la porche y comenzó a andar rápidamente en dirección a la ciudad.

A medida que la lluvia se iba haciendo más y más intensa, Marisa corría más y más rápido.
Las horas pasaban despacio pero ella corría como una gacela.

De repente la lluvia cesó para dejar paso a una escalofriánte nevada. Por irreal que pareciese, el hecho de que empezase a nevar le gustó a Marisa. Como el más experimentado de los excursionistas, la rarita soltó el paraguas con emoción, cogó dos troncos rectangulares de madera y dos palos y los utilizó a modo de skis. Llena de adrenalina gritó por todo lo alto “Yeahhhh y yo que me quejaba de haberme perdido el viaje a Baqueira este año”.

De este modo, la pequeña ratita llegó a la ciudad, en tan sólo tres horas, todo un récord.
Para cuando llegó a la ciudad Marisa ya estaba fuerte, de tanto ejercitar sus músculos, parecía atleta e incluso daba miedo.

Se recorrió la ciudad entera hasta dar con un olor que la hipnotizaba. Cerró los ojos y siguió al olor.
“Hummmmm huele como los ángeles” dijo ella. Sin darse cuenta se encontraba delante de un cubo de basura, al lado de un restaurante italiano. Sabía que el olor procedía del cubo y fue a meterse.

“No te acerques a mi queso rata inmunda o te corto en rodajas” dijo un gato negro negro desde la tapa del cubo. Fue al oir esas palabras cuando Marisa empezó a temblar, sus músculos empezaron a aumentar de tamaño de forma muy acelerada, se le puso la cara roja como el tomate, miró fijamente al gato, y sin previo aviso saltó sobre él, propiciándole en plenos morros una patada ninya que ni el mismisimo Bruce lee.
“No me gustan las amenazas” le dijo al terminar.
El malvado gato, asustado , salió corriendo. Marisa, cogió el trozo de queso y emprendió la marcha a casa.

Cuando llegó a casa con esa forma física, con el queso y con una sonrisa de oreja a oreja la comunidad entera se quedó estupefacta.
Desde aquel día, nunca más, ni su padre ni cualquier otra ratita de la comunidad, volvió a desconfiar de nadie y Marisa se convirtió en la líder de las ratitas.

1 comentario:

  1. Muy bien pero recuerda que al escribir poesía con rima hay que mantener los ritmos armónicos y no romper la sintaxis lógica de las frases. Me gusta que tu texto sea tan emotivo, pero no me gusta que la forma (la función estética o poética) sea tan pobre. Por eso os insistí tanto en que es mejor escribir en verso libre y crear la belleza lingüística usando figuras literarias.

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